• Al llegar a Loukolela el cuadro de chozas y palmeras que veía desde el río comenzó a cobrar vida y decenas de personas vinieron a recibirnos a la orilla.  » Clic para magnificar ->

    Al llegar a Loukolela el cuadro de chozas y palmeras que veía desde el río comenzó a cobrar vida y decenas de personas vinieron a recibirnos a la orilla.

  • En el río Congo, el horizonte se ampliaba a lo lejos fundiéndose cielo y agua en un beso interminable.  » Clic para magnificar ->

    En el río Congo, el horizonte se ampliaba a lo lejos fundiéndose cielo y agua en un beso interminable.

  • El ministro nos dejó su potente lancha motora. Cada vez que se ponía en marcha pegaba un violento respingo, el morro se elevaba y enseguida empezaba a coger velocidad.  » Clic para magnificar ->

    El ministro nos dejó su potente lancha motora. Cada vez que se ponía en marcha pegaba un violento respingo, el morro se elevaba y enseguida empezaba a coger velocidad.

  • Por la noche, el sol se resistía a dar su último suspiro y emitía un rayo, soberbio y potente, cuyo fulgor atravesaba el río como un camino de oro.  » Clic para magnificar ->

    Por la noche, el sol se resistía a dar su último suspiro y emitía un rayo, soberbio y potente, cuyo fulgor atravesaba el río como un camino de oro.

  • Amable hablaba como si quisiera llevar el progreso a aquel rincón miserable del planeta. ¿Por qué lo hacía? ¿Qué le movía a sacrificar su vida a cambio de nada?  » Clic para magnificar ->

    Amable hablaba como si quisiera llevar el progreso a aquel rincón miserable del planeta. ¿Por qué lo hacía? ¿Qué le movía a sacrificar su vida a cambio de nada?

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  • Debajo de una ceiba, el jefe del poblado nos contaba historias de los hombres blancos que llegaron hace siglo y medio y encontraron un mundo más frágil, más débil y más ingenuo.  » Clic para magnificar ->

    Debajo de una ceiba, el jefe del poblado nos contaba historias de los hombres blancos que llegaron hace siglo y medio y encontraron un mundo más frágil, más débil y más ingenuo.

  • Mientras la barquita de madera me llevaba a explorar regiones recónditas, el ruido del motor fueraborda me parecía un sacrilegio. Un invento diabólico que vino a romper la magia de una selva congoleña en la que el tiempo se detuvo en la prehistoria.  » Clic para magnificar ->

    Mientras la barquita de madera me llevaba a explorar regiones recónditas, el ruido del motor fueraborda me parecía un sacrilegio. Un invento diabólico que vino a romper la magia de una selva congoleña en la que el tiempo se detuvo en la prehistoria.

  • Los días comenzaban muy temprano en Loukolela. Jolie, la cocinera, solía preparar la mandioca a las seis de la mañana.  » Clic para magnificar ->

    Los días comenzaban muy temprano en Loukolela. Jolie, la cocinera, solía preparar la mandioca a las seis de la mañana.

  • Era mi último día en Loukolela y muchos vecinos vinieron a decirme adiós. Los árboles se habían vestido de un gris oscuro como nunca los había visto y el viento soplaba ligeramente silbando entre las hojas.  » Clic para magnificar ->

    Era mi último día en Loukolela y muchos vecinos vinieron a decirme adiós. Los árboles se habían vestido de un gris oscuro como nunca los había visto y el viento soplaba ligeramente silbando entre las hojas.

  • “Buenos días”, comenzó diciendo el Secretario General del Ministerio de Salud. Después me cedió la palabra. Los ojos de aquellos hombres me miraban con curiosidad.  » Clic para magnificar ->

    “Buenos días”, comenzó diciendo el Secretario General del Ministerio de Salud. Después me cedió la palabra. Los ojos de aquellos hombres me miraban con curiosidad.

  • Primera colección de Dress From Africa. Los vestidos los cosían las mujeres congoleñas que estaban encantadas de recibir un sueldo.  » Clic para magnificar ->

    Primera colección de Dress From Africa. Los vestidos los cosían las mujeres congoleñas que estaban encantadas de recibir un sueldo.

  • De camino a Maipembe siempre parábamos en Maluku, un pintoresco pueblo de pescadores junto al río Congo con cientos de vendedores ambulantes.  » Clic para magnificar ->

    De camino a Maipembe siempre parábamos en Maluku, un pintoresco pueblo de pescadores junto al río Congo con cientos de vendedores ambulantes.

  • La hermana Teresa Sáez llevaba cincuenta y dos años en el Congo. Había fundado el colegio Heri Kweto, otro de los maravillosos milagros que encontré en aquel país.  » Clic para magnificar ->

    La hermana Teresa Sáez llevaba cincuenta y dos años en el Congo. Había fundado el colegio Heri Kweto, otro de los maravillosos milagros que encontré en aquel país.

  • Valère había nacido en la selva congoleña. Nuestras vidas habían sido tan distintas que ni la más férrea de las voluntades hubiera sido capaz de cruzar caminos tan dispares.  » Clic para magnificar ->

    Valère había nacido en la selva congoleña. Nuestras vidas habían sido tan distintas que ni la más férrea de las voluntades hubiera sido capaz de cruzar caminos tan dispares.

  • Los vecinos de Maipembe se fueron acostumbrando a verme comprando pescado en el río Congo. Papá Emmanuel lo cocinaba al atardecer, cuando la luna empezaba a reflejarse en el río.  » Clic para magnificar ->

    Los vecinos de Maipembe se fueron acostumbrando a verme comprando pescado en el río Congo. Papá Emmanuel lo cocinaba al atardecer, cuando la luna empezaba a reflejarse en el río.

  • Bosco me dijo una mañana que me iba a enseñar las tortugas gigantes del Congo.  » Clic para magnificar ->

    Bosco me dijo una mañana que me iba a enseñar las tortugas gigantes del Congo.

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